Sobre el libro "EL GRAN TESTIMONIO"Editado por el Fondo Editorial de San Nicolás (FESN), en septiembre de1993, este volumen conforma el número 16 de dicho sello editor.
Con la dedicatoria a su hija Iara Verónica
(“…mi hija, a través de la sangre y de mis huesos…”) , se abre el poemario que está dividido en distintas secciones, a saber:
El gran testimonio, El canto de los dioses, Cantos del amor, Los cantos de amor, Canto de esponsales, Canto final, Poema-carta a mi ciudad y Dos poemas.
Esta nueva forma de expresión, lo encuentra a Alfredo Omar Busch con una poesía diferente a la exhibida en su libro anterior, “
Publicación del grito” casi 35 años antes.
En sus 69 páginas, el autor está decididamente imbuido por la naturaleza, que empieza a formar parte de su palabra, como una prolongación de estro creador.
Estos son algunos de poemas que integran el libro:
CANTO DEL DIOS DE LA LLUVIAYo tengo mi estandarte y mi estatura
yo, señor de la lágrima,
legislador del trueno,
conocedor del grano,
hacedor del relámpago,
deshacedor de nubes.
Mi plata y mi obsidiana
se derraman.
Yo, señor de la lágrima,
provocador de nubes
y traductor del canto.
Mis grandes goterones
ya germinan,
yo, señor de la lágrima.
NACIMIENTO DE LOS PÁJAROSEl dios de los pájaros era bueno como el maíz
y arrojó su sortija, sus piedras y presagios
en medio de la tarde, en medio de las grandes
fogatas del verano y dejó sus colores tirados por el aire.
Unió la piedra y el relámpago
y brotaron las chispas,
y en la oscura mansión de los colores
se pintaron las plumas
copiando los crepúsculos turquesas
y ardientes cardenales
trajeron sus violentos destellos a la tarde.
El dios de los pájaros otorgó sus plumas,
sus estirpes –amuletos sedientos- y una voz
hermosa como el agua y el viento.
Y ya fueron banderas desplegadas
entre las grandes hojas de los días.
OTOÑOOtoño es redondo y cae como una cintura sobre mi piel
y mi piel es pura
como la mariposa de tus labios,
como la caracola que me invade
en este territorio de cenizas.
(Y otoño cae en mi costado
y en las insomnes uvas de tus ojos)
hiriendo la ternura de mis días con soliviado gesto.
Otoño es redondo y cae como una cintura sobre mi piel
y mis yemas te buscan
despertando los pájaros suicidas,
tu fábula de asombro
y esa niñez que juega en la llovizna
vestida de amarillo.
Otoño es redondo
y cae en mi costado a llamaradas.
POEMA-CARTA A MI CIUDAD“Tenemos también la palabra profética
más permanente, a la cual
haceis bien de estar atentos”
2 Pedro 1:19
I
Aquí estoy,
parado entre tus huesos, con temblores de miedo,
con voces que se trepan por la lengua, que ahogan mi palabra
derramada en un cauce envejecido.
¿Qué mineral te nutre? ¿qué piedra te festeja?
¿qué poleo perfuma tu sombra y tu latido?
Oh ciudad, palabra desplegada como un trino, río de miedo,
hueso que tirita en la distancia, gesto que muerde la
herrumbre de mis ojos para clavarse en sangre amanecida:
¿qué pájaro inaugura tu existencia? ¿qué oxígeno
te canta? ¿qué palabra o qué gesto derramaba Aguiar para nombrarte?
Dame, dame tu tierra oscura, los huesos de tus
hombres perdidos en el polen, tu polvo de memorias llevados
por gaviotas o chajás, dame , el aliento puro de tus calles,
el colmillo violento de tu Villa Pulmón, el ojo estremecido
de tus aguas, la casaca violenta de tus días, para llenar mi boca con tu nombre.
Aquí estoy, ciudad de los latidos y te siento subir,
Y te siento crecer entre mis venas derramando tus pájaros sangrientos.
¿Qué vientos te han tatuado en la memoria?
¿qué vendaval de trinos te empuja hasta mi boca?
¿qué pan se ha desplegado entre tus sales?
¡Oh ciudad cardenal, sonora como un viento!
II
De noche te miré
y ví tus huesos, tus cenizas –una luna de cuarzo
metida en los postigos- y escuché la violencia del viento que
crecía, crecía y me hablaba con límites de sombra.
Oh ciudad: tu gesto y tu latido
perdura entre mis sienes y tus gotas, tus pequeñas gotas de silencio
me estremecen de espanto.
Oh vendaval nocturno, oh caballo de luna entre las sienes,
oh cardumen de estrellas que tu río detiene:
¿qué palabra infinita ha de gritar mi estirpe para nombrar tus noches?
¿qué conjuro de miedo para atraer los muertos de mi sangre
hasta el olvido de tus gentes?
Oh ciudad, de noche te he mirado y en la piedra
gastada de mis ojos crecieron héroes y mis gestos cayeron en tu rostro
preguntando por hombres, por bocas, por medallas, por la oscura
palabra de tus días y un límite sonoro me contuvo.
Y te escuché, ciudad, y amé tus noches con alientos
de naipes y guitarras, tus remesas de estrellas con pájaros fantásticos.
Con piedras que horadaban mis párpados
ausentes, con aguas, con latidos.
Y entonces, ciudad, tu espuma favorable, tu espuma
demorada por los días comenzaba a crecer hasta mi boca, gemía por mi boca
con la piedra arrojada por los días, y tu nombre quedaba en mi
saliva con tus gentes, tus árboles, tus calles y el grito de tus
aguas sin remansos trepándome en la piel
festejaba mis ojos con sus lunas.
De noche te he nombrado
¡oh ciudad cardenal, sonora como un viento!